La toxina botulínica es un fármaco que nos permite relajar los músculos de la mímica facial, haciendo desaparecer las arrugas que se producen en la piel de la cara por la contracción repetida de estos músculos. Las zonas dónde se aplica más comunmente son la frente, el entrecejo, y la región lateral a los ojos en donde se forman las conocidas como patas de gallo.

La infiltración con toxina botulínica se realiza de forma ambulatoria en la consulta, es un procedimiento rápido, y el paciente puede reincorporarse a su ritmo de vida normal de inmediato. Normalmente no es necesaria la utilización de anestesia, pero si paciente es epecialmente sensible se puede aplicar una crema anestésica tópica.

Los efectos del tratamiento no son visibles de inmediato, sino que habrá que esperar un mínimo de 3 o 4 días para que empiecen a serlo, y el efecto máximo de la toxina se verá entre los 7 y los 10 días después de la infiltración. Por otro lado el efecto no es permanente, y deja de apreciarse a los 5 o 6 meses, momento a partir del cual puede repetirse el tratamiento.